Muchas mujeres queremos lucir una figura esbelta y bien definida. Y para ayudarnos y potenciar nuestra apariencia, están nuestras fieles aliadas: las fajas. Ellas nos permiten disfrutar de una figura envidiable sin ningún esfuerzo.

Pero eso no es todo lo que las fajas pueden hacer por nosotras. Además de ayudarnos a conseguir la figura deseada, también pueden brindarnos alivio cuando sufrimos de problemas de salud que pueden ocasionar dolor e inflamación.

También para después del embarazo, cuando la piel de nuestro abdomen se ha estirado tanto que necesita ayuda extra para volver a su lugar sin dejar marcas permanentes. Es otro caso en el que las fajas pueden ser de gran ayuda.

En la actualidad existen muchos modelos disponibles para tratar partes específicas del cuerpo, lo importante es que sepas dar con la adecuada para ti según tus necesidades.

El corsé, el precursor de la faja, ya fue utilizado por las mujeres de la Antigua Grecia y tuvo su punto álgido para estrechar la cintura y alzar el busto, en la Europa del siglo XVII. En los felices años veinte, la faja supuso un importante avance en la liberación de la mujer frente al corsé, puesto que ésta se confeccionaba con materiales más flexibles. En aquella época, esta prenda no era accesible a todas las clases sociales y se limitaba sobre todo a determinados momentos de la vida, como el ajuar matrimonial. Hoy, esta “prenda interior elástica que ciñe la cintura o la cintura y las caderas”, está en el armario de cualquier mujer y las famosas son las primeras en confesar que las utilizan e incluso se prestan a ser imagen de algunas marcas.